Una empresa puede resolver sus problemas
financieros a medida que aparecen, pero todo el mundo estará de acuerdo en que es mejor tener una política financiera global. Puede negociar distintos precios y condiciones de venta con cada cliente, pero sería mejor que tuviera una política comercial preestablecida. Pues bien, exactamente lo mismo ocurre con el diseño. Para optimizar sus resultados es necesario tener una política de diseño.
Toda empresa es capaz de definir, explícita o implícitamente, los factores que configuran su estrategia empresarial: el producto o servicio que ofrecen, su mercado, la competencia, su posición en el sector, sus recursos y capacidades, sus fortalezas y sus debilidades, y sus objetivos a medio y largo plazo. Si es capaz de esto es, desde luego, capaz de definir qué tipo de diseño necesita. No podrá
establecer la f
orma final de sus productos o de su
imagen gráfica, que ésa es la tarea del diseñador, pero sí puede acotar c
uáles son las características básicas del diseño que necesita. Porque sabe o debería saber a qué mercado se dirige, en e qué banda de precios, quienes son sus clientes finales, por qué compran su producto o servicio, qué está haciendo su competencia, cuáles son los objetivos empresariales que el diseño debe ayudar a conseguir (
además del objetivo obvio de la rentabilidad), cuáles son sus recursos humanos, tecnológicos y financieros, cuál es la imagen de la empresa y cuál debería ser...
El diseño es una herramienta más en sus manos. Una herramienta que
puede ayudar a la empresa a alcanzar sus objetivos. Como lo es la gestión financiera o la publicidad o la tecnología. Y para que funcione hay que saber que esa herramienta está ahí, a su alcance, y que hay que contar con ella desde el principio. Desde el momento en que se definen las estrategias globales de
empresa y sus planes de ejecución.
Lo habitual es que las empresas aborden los problemas de diseño de una manera puntual: hace falta un nuevo catálogo, la imagen de la empresa ha quedado anticuada, convendría "lavar la cara" a este producto o darle forma a una idea...
Casos como estos, que son intervenciones aisladas, individualizadas en el tiempo y en el espacio y sin conexión entre sí, son encargos
habituales en los estudios de diseño y, aunque muchas veces den resultados
válidos, nunca serán tan rentables y provechosos como cuando están bajo las directrices de una estrategia global, que además permite ejercer un
control más
riguroso de los
procesos y los resultados.
Cada empresa tiene unas necesidades de diseño. Unas pueden estar centradas en el producto, otras en la presentación, otras en la comunicación de su oferta. y en general
cualquier empresa necesita algo de estos tres apartados, que no son conjuntos inconexos entre sí, sino que son
distintas vías de
comunicación de la empresa con su mercado. Todas deben
trasnmitir una imagen coherente, definida previamente por la estrategia global de la empresa.